Carlos Mora V

El hombre no ha sabido organizar un mundo para sí mismo y es un extraño en el mundo que él mismo ha creado. Alexis Carrel

Al transitar por esta dimensión no nos debe sorprender, que se manifiesten hechos extraños que denominamos   paranormales,  fenómenos que se manifiestan y requieren de explicaciones convincentes, avalados por las disciplinas científicas, ciencias que proporcionen sus teorías, explicaciones ,que realmente satisfagan a la razón.

 Sin embargo, hay muchos que no han podido ser explicados por las ciencias, sino por creencias, esoterismo, teosofía, religiones.

Lo cierto, que a muchos que se detienen a leer este escrito le extrañara su titulo, pero no debe ser así, puesto que el Concilio Vaticano II, indirectamente y  ha servido como catalizador de las situaciones críticas existentes de la Iglesia Católica, motivando a sus dirigentes ha tomar conciencia de la realidad social, cultural, política, económica que la rodea al no estar ella aislada, por el contrario muy participativa y comprometida en nuestras sociedades.

No se puede negar, que la ciencia parapsicológica ha puesto en jaque a la Iglesia tradicionalista, sacramentalizante, post-tridentinismo auctóctano y lo que es peor, contaminada de supersticiones  y de la maya del milagro, a una Iglesia que debe estar interrelacionada y comprometida con la situación del hombre moderno, integrándolo consigo mismo, con su familia, sin aceptar en la práctica la división incomunicada de lo natural y sobrenatural. En otros términos, la Parapsicología le exige a la iglesia que la cita con Dios, es en este plano y no en dimensiones utópicas. Le exige que al integrarse al estudio serio de la investigación parapsicológica se cuente con sacerdotes  por ejemplo,  el  brasileño González Quevedo, que ciegos ante la creencia de lo milagroso y sobrenatural divino, se tornan dogmáticos  llevando a cabo una divulgación parapsicológica contraproducente a lo que la Iglesia debe informar  a sus feligreses y al mundo científico. Por suerte se sabe, que existen sacerdotes como Andrea Resh y Novillos Pauli, que con una visión más amplia y obviamente más práctica  del rol que la Iglesia debe seguir ante la Parapsicología, han colaborado en que en este tópico, la Iglesia renueve sus enseñanzas o por lo menos tome conciencia de la realidad que esta ciencia humanista manifiesta. Ante este hecho, la Iglesia no puede aislarse y estableció la cátedra de Parapsicología para ser cursada por personeros del Vaticano.

Todo ello ha hecho que la Parapsicología ha obligado a la Teología a que se vincule con realidades terrenas y que como señalan algunos, y que no siga siendo ciencia ocultista de iniciados, ni tampoco acrobacia intelectual para algunos privilegiados. Le exige  a que lo problemas paranormales del hombre son acuciantes aquí y abajo y que demandan repuestas terrenales concretas.

La parapsicología le recuerda a los teólogos que las ciencias tienen cada una su autonomía propia junto con sus métodos y que por lo tanto la Teología debe buscar que el hombre sea más y que para ello como destacan algunos se desarrolle  en un ambiente que respete los derechos fundamentales que todo hombre-cristiano debe tener, pregonando la verdad, en este caso la que esta involucrada a la realidad cuantificable de fenómenos que han dejado de ser místicos, sobrenaturales, milagrosos por normales y accesible a todo ser no divino, sino humano.

La Parapsicología es por eso, que insiste ante la teología que considere  que los valores del hombre son automáticamente valores cristianos, si propician su desarrollo en cuanto ser humano.

Se debe también considerar, que la Parapsicología a través del hombre parapsicológico, le pide a la teología que se responsabilice más con nuestra generación, modificando sus procedimientos y contenidos a fin de descubrir y aplicar un acelerador para que el cambio personal lleve al de las relaciones humanas en equidad y consecuentemente al cambio de las estructuras caducas en que la Iglesia ha mantenido al hombre.

Se señala que su responsabilidad no  debe limitarse  en la transmisión de una cultura convulsionada. Debe extenderse a la creación de una nueva cultura religiosa y general, cuyo mérito sea haberse levantado en el momento más difícil, contra todos los augurios, porque los hombres así lo quisieron y contra la más dramática de las violencias, la que voluntariamente se ejerce sobre sí mismo al no reconocer que no se puede seguir con la  ilusión de los mitos y de lo sobrenatural.

Esto desde luego, conlleva a una conversión madura y audaz, dando los límites para definir su radicalismo estén fijados solamente por el amor a los demás y la peregrinación de una verdad más humana que divina.

(Continúa...)

Anotaciones aportadas de la Biblioteca  del +Dr. Brenio Onetto Bachler

 **Exsecretario de Sociedad Chilena de Parapsicología